jueves, 2 de marzo de 2006

Memoria selectiva

En todas las ciudades del Perú, las esquinas ya no las ocupan solo los ambulantes, los quioscos y los lustrabotas, sino también, llamativas propagandas políticas. Los carteles, pancartas y banderolas más coloridos del país invaden cada ricón estratégico, con tal de seducir inocentes miradas. Los candidatos anhelan conseguir el mayor voto con esta especie de memorex político, que no hace sino, herir la psicología del hombre, del elector.
La foto más bonita, la mejor sonrisa, una prenda elegante y un buen peinado, pretenden ser los artífices de la gloria. Un sueño que se va convirtiendo en una perversa realidad. Postular al Congreso no es ningún impedimento, solo hay que tener plata y buenas relaciones públicas, o tal vez, buscar quién te financie. Pero existe una tendencia maligna. El ser conocido, lea bien, por cualquier cosa que usted haya hecho, sea buena o mala, puede hacerle ganar el Oscar peruano.
Ya no se sabe si será un honor tener en frente a un congresista o si ello creará una impotencia ante el poder. La mediocridad quiere manejar el país, claro, con el permiso de quienes viven en casa. Entonces comprendemos aquí esa frase que dice "cada país tiene el presidente que se merece".
No sirve llevarse por la cara bonita o una buena pose para la fotografía. Existe una necesidad inmediata de conocer la psicología de los candidatos, sea a la presidencia o al congreso. Las palabras se las lleva el viento, si nada de lo que dicen ellos se cumple. Nosotros ya hemos vivido esto. ¿No vastó acaso el dueto peruano-japonés para darnos cuanta del país en que vivimos?
No hay que permirtir que la mediocridad gane una vez más. Las propagandas se han hecho para convencerlos, pero ya lo han hecho por mucho tiempo de la misma forma. No te dejes llevar inocentemente. Es cierto que en este momento Lima se encuetra llena de carteles propagandísticos luminosos, pero que, de alguna menera, cuestionan la memoria del peruano. ¿Acaso no sabemos quienes son? Tal vez sea cierto, pero eso es culpa también del dueño de casa, ¿no lo cree usted? Elija bien.

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